"No existe el dolor. Esta fue la frase que más oí repetir a los pelones en mis tiempos en el hospital. De tanto gritarlo, el dolor al final se fue. Miraría la inyección, miraría mi carne y tan solo vería cómo una aguja se acercaría a mi piel la atravesaría y extraería sangre. Sería como un caricia extraña y diferente. Y así fue: Por primera vez no sentí dolor, sentí esa extraña caricia. Fue aquel día cuando comprendí que el dolor es una palabra que no tiene ningún valor práctico. Es una palabra que asusta." Albert Espinosa.
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